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Los niños no siempre verbalizan su lucha interna, pero la ansiedad puede manifestarse de diferentes maneras por ello es importante que tengamos en cuenta los signos que vamos a describir a continuación. 

  1. Cambios en el apetito

El apetito y el sueño de un niño, a menudo son los primeros signos reveladores de que las cosas no van bien. 

Los padres deben permanecer alerta a los cambios en los hábitos alimenticios que incluyen tanto la pérdida de apetito como los ataques repentinos de hambre.

Si no tiene ganas de comer, no le obligues y no conviertas la hora de la comida en una lucha. Pacta y negocia para que coma un poquito. Alterna comidas que le gustan con las que no le gustan y refuerza el desayuno y la merienda. Si por el contrario está comiendo mucho, no compres comida poco saludable que le pueda inducir a pegarse atracones de azúcar.

2. Problemas en el sueño , inquietud y pesadillas.

Los padres también pueden descubrir que sus hijos están más inquietos a la hora de acostarse y tienen miedo de quedarse solos. Por la noche tienen más despertares, un sueño más ligero y demandan más atención. En estos casos, suelen tener una regresión y solicitar dormir con alguna figura de apego.

3. Comportamientos regresivos. La vuelta al pasado.

La regresiones aparecen en momentos de estrés y de incertidumbre. Los comportamientos que creía que su hijo había superado, pueden reaparecer repentinamente. En niños pequeños, estos comportamientos podrían incluir;  chuparse el dedo, necesitar un juguete especial para dormir, volver a dormir con los padres , hacerse pis en la cama. En los adolescentes podemos observar conductas inmaduras o conductas que podemos considerar egoístas.

4. En cuanto a los cambios en el estado de ánimo

Los comportamientos a tener en cuenta incluyen arrebatos de rabia, episodios repentinos de llanto, mal humor, irritabilidad y pérdida de interés en sus actividades favoritas Para valorar esta situación , tenemos que tener en cuenta cuál es la conducta habitual  de nuestros hijos, es decir cómo se comportaban antes de que comenzaran a tener una ansiedad que interfiera en sus rutinas diarias. 

5. Limites y normas. Los niños pueden comenzar a saltarse los límites y las normas de casa, mostrar niveles más altos de ira , desobedecer las instrucciones o entablar más discusiones con los miembros de la familia.

6. Preocupaciones, distorsiones cognitivas y pensamientos negativos: 

Puedes valorar el hecho de que realizan más preguntas de lo habitual, temen por su seguridad y la seguridad de los familiares y amigos. Manifiestan una serie de pensamientos negativos y catastrofistas constantes y muestran inseguridad a la hora de afrontar determinadas tareas o acciones.

Hay momentos en los que los adolescentes se encierran en sí mismos y se niegan a comunicarse .Muchas veces subliman sus preocupaciones a través de las redes sociales, videos , canciones…

7. Quejas somáticas: 

Es posible que las luchas mentales de los niños y los adolescentes se manifiesten en sus cuerpos mediante quejas somáticas. Cuando una persona tiene ansiedad , tiene taquicardia, nota su respiración entrecortada y le cuesta respirar de forma profunda, presenta dolores de cabeza o problemas estomacales. Un niño o un adolescente puede identificar esos signos como síntomas de alguna enfermedad y asustarse muchísimo.

8. O se vuelven más de dependientes o se aíslan completamente en su habitación: 

Los niños se pueden mostrar muy dependientes y manifestar un comportamiento muy aferrado a las figuras de apego buscando la atención en todo momento y los adolescentes pueden buscar momentos de aislamiento que debemos respetar.

9.  Dificultades para concentrarse y problemas en el rendimiento escolar: 

El estado ansioso genera problemas de atención sostenida y concentración. Los niños mayores y los adolescentes pueden tener dificultades para concentrarse en tareas educativas o posponer las cosas mientras se distraen fácilmente.

10. Tics nerviosos: 

Por ejemplo morderse las uñas, tirarse del pelo, rascarse. Estos tics son expresiones de un estado de nerviosismo desencadenado por la ansiedad.

En tiempos de crisis, los padres debemos observar y evaluar el comportamiento de nuestros hijos y tener la seguridad de que podemos ayudar a nutrir su bienestar emocional. 

Si tu hijo/a presenta estos signos de ansiedad durante un periodo y no mejora, nosotros te podemos ayudar.

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