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Y es que en estas primeras semanas del comienzo del curso, independientemente del ciclo, puede ser que nos preocupe la adaptación o bienestar social y emocional de nuestras hijas e hijos, sobretodo a aquellos padres que saben o piensan que es tímido/a.

La timidez es un rasgo de personalidad que si lo experimentas tienes un comportamiento que puede limitar tu desarrollo social en la vida cotidiana. La timidez significa sentirse un poco asustado cuando tienes gente alrededor. Casi todo el mundo siente timidez de vez en cuando, si eres el nuevo de la clase por ejemplo.Algunos padres ven la timidez como una fase que se termina pasando a medida que el niño crece, pero sin embargo la timidez puede ser persistente una vez hemos llegado a la adultez. 

Nadie se pasa el día sentado y decide: «Bueno, creo que hoy voy a ser tímido». Simplemente, sucede. Incluso te puede coger por sorpresa.

Es importante que lo entendamos como parte del proceso en el que la niña/o aprende cómo conectar con los demás. Por ello es importante aceptar cómo es y en qué fase del desarrollo está. Puede resultar triste ver a tu hijo sentado solo o pegado a tu pierna. Pero si lo aceptamos tal como es, si se siente seguro y valioso contigo, va a serle más fácil relacionarse con los demás.

Las personas tímidas no quieren estar aisladas, quieren relacionarse, pero no saben cómo hacerlo y además, no se atreven a enfrentarse a las relaciones sociales, lo que les produce un profundo sentimiento de frustración y en ocasiones de agresividad contra ellos o ellas mismas.

Al realizar una acción delante de otra persona, una persona tímida se enfrenta a sentimientos de impotencia, sintiendo un temor que procede de una absoluta desconfianza en uno mismo y en los que lo rodean y que se manifiesta como inseguridad y vergüenza.

En estos casos el individuo teme actuar de un modo que sea humillante o embarazoso y muestra síntomas de bloqueo y ansiedad. Aunque es importante señalar que los síntomas de la timidez no deben confundirse con los de la fobia social.

Pero ser tímido no es necesariamente algo malo. No pasa nada si tardas un poco en sentirte cómodo con personas y situaciones nuevas. De hecho, puede ser útil. Cuando eres tímido, quizá pases más tiempo observando la escena antes de entrar en ella. Y por ejemplo no es probable que hables con desconocidos, algo que no deberías de hacer.

No llames a tu hijo “tímido” delante de él, ya que puede interiorizar esa etiqueta. En lugar de decir “Es que es muy tímido/a”, di “No le apetece hablar hoy” o que necesita un tiempo para sentirse cómodo.

Asegúrate de que le proporcionas oportunidades para estar con otros niños, preferiblemente niños también tranquilos y no autoritarios. De esta manera aprenderán habilidades sociales y se sentirán más seguros en sus relaciones.

Prepara a tu hijo para las nuevas situaciones. Describe quién estará y lo que pasará. Ayúdale a centrarse en lo positivo y en lo que puede hacer en cuanto llegue. Por ejemplo: “Va a haber muchos niños hoy en el cumple, pero seguro que Lara va a estar y puedes contarle lo que hemos hecho este fin de semana”.

Ayúdale a iniciar conversaciones. De esta manera tendrá un buen modelo que seguir. Llevar algún juguete, como un coche o una muñeca puede servir para romper el hielo.

Ayúdale a manejar los sentimientos negativos procedentes de las relaciones sociales fallidas, como la frustración, el sentimiento de rechazo.   

Mantén expectativas realistas a la vez que expresas empatía por las emociones de la persona tímida.

Anima y crea situaciones y espacios en las que te cuente sobre sus experiencias cotidianas y cómo se siente.

Simula situaciones con la persona tímida, con juego simbólico, entre vosotros, o implicando a otros miembros de la familia.

Ayudalé a cuestionar los pensamientos negativos frecuentes sobre sí mismo y sobre los demás, así como también a desarrollar alternativas constructivas.

Evita catalogar o etiquetar negativamente.

Si tu timidez no te deja hacer las cosas que quieres hacer, habla del tema con alguien. Puedes recurrir a tus padres, maestros, orientadores y médicos. Hablar de tu timidez puede ayudarte a superarla. O, quizás, tus amigos o padres te digan que ellos también son tímidos y qué hacen para serlo menos. Si aun así te sigues sintiendo igual, tu mamá o papá pueden llevarte a un psicólogo. Éste puede ayudarte a aprender a sentirte más a gusto alrededor de otras personas.

Si conoces a alguien que es tímido, intenta ayudarle a sentirse menos nervioso.

Incluso podrías contarle una situación en la que actuaste con timidez. Le ayudará a entender que todo el mundo es tímido de vez en cuando, ¡incluso tú!

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