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QUÉ SON LAS FUNCIONES EJECUTIVAS Y SU RELACIÓN CON EL TDAH

Las funciones ejecutivas se han definido, de forma genérica, como aquellos procesos cognitivos que permiten el control y regulación de conductas dirigidas a un fin. Consiste en una serie de operaciones mentales que nos permiten resolver problemas deliberadamente.

El desarrollo de estas funciones  está vinculado al desarrollo de la corteza prefrontal (CPF), que es la región cerebral de integración por excelencia, ya que envía y recibe información de  todos los sistemas sensoriales y motores

Las funciones ejecutivas implican, durante la infancia y la adolescencia, el desarrollo de una serie de capacidades cognitivas que nos permiten:

  • La organización, ordenando la información de forma adecuada para realizar un plan
  • La anticipación y el establecimiento adecuado de objetivos, teniendo en cuenta las consecuencias y los imprevistos que puedan surgir.
  • La planificación de una tarea, elaborando un proceso de acción secuenciado paso a paso para conseguir un objetivo de la mejor forma posible.
  • La inhibición y el control de las distracciones
  • La autorregulación del proceso de la acción para asegurarse de que la meta propuesta está en vías de lograrse. Es decir, ser consciente de que se está haciendo lo que se hace.
  • La memoria de trabajo, es decir, la capacidad de mantener determinada información útil para la realización de una tarea.
  • La flexibilidad para cambiar de estrategias si la situación lo requiere.

Se trata, pues, de  requisitos importantes para aprender y resolver problemas de manera eficaz y eficiente.

En edades tempranas ya es posible observar en el niño conductas que sugieren que algunas de estas capacidades cognitivas  han iniciado su desarrollo; ahora bien, se alcanza una capacidad ejecutiva similar a la observada en el adulto, entre la adolescencia y principios de la segunda década de vida.

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es uno de los problemas de neurodesarrollo más comunes que se detectan en edad escolar. Se caracteriza por un patrón persistente de inatención, hiperactividad e impulsividad. Las conductas que caracterizan este trastorno deben aparecer antes de los siete años y son observables en el ámbito familiar, escolar y social.

Existe una gran cantidad de investigaciones que sugieren que el TDAH lleva asociado un conjunto de déficits cognitivos relacionados con las funciones ejecutivas. Estos déficits  afectan a la capacidad del niño de responder, de forma adaptativa, a las directrices o instrucciones de los adultos. El niño con dificultades en la memoria de trabajo tiene dificultades para anticipar las consecuencias de un determinado comportamiento basándose en la experiencia previa. Estas dificultades cognitivas del niño con TDAH pueden contribuir a la aparición de una gran variedad de conductas disruptivas u oposicionistas.

Por tanto, los adultos debemos comprender que conductas como llamar la atención, olvidar instrucciones, no obedecer… no siempre son intencionales. El niño o el adolescente que presenta estas disfunciones ejecutivas no suele escoger intencionadamente ir en contra de las normas.

Es más, la dificultad que tiene para controlar sus propios impulsos y estados emocionales, para anticipar las consecuencias de sus acciones, para inhibir sus distracciones o para mantener en su memoria las instrucciones de sus padres o profesores, le trae, por un lado, consecuencias negativas (riñas, castigos, enfados…), y, por otro, un sentimiento de frustración ante situaciones desconcertantes para él, porque no siempre es capaz de explicar por qué hace las cosas.

Por eso las medidas educativas convencionales (castigos, riñas, largos “sermones” indicándole qué es lo que debe hacer…) suelen fracasar en los niños con estas disfunciones cognitivas. No se trata de que el niño con TDAH puede hacer las cosas de forma correcta “si él quiere”, o “si pone de su parte”, como muchas veces se le indica; sino que podrá hacer las cosas de forma correcta si dispone de las habilidades necesarias. Mientras que esto no se consiga, su conducta podría resentirse.

 

 

 

Verónica López Buyé. Psicóloga educativa

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